
Por primera vez desde la década de 1970, no existe ningún pacto de restricción de armas nucleares en el planeta. Con la terminación del tratado Start III, se eliminaron las últimas barreras a la expansión de ojivas nucleares entre Rusia y Estados Unidos.
El mes de febrero trajo consigo el discreto final del último acuerdo importante de limitación de armas nucleares, el Start III, suscrito en abril de 2010 por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y su homólogo ruso, Dmitri Medvédev. Este pacto tenía una duración de diez años, que se prolongó en febrero de 2021 hasta 2026 por parte de Washington y Moscú.
El tratado ya estaba debilitado: según los especialistas, después de la interrupción de las inspecciones por la pandemia de 2020 y la invasión rusa a Ucrania en 2022, sus disposiciones se volvieron ineficaces. Este acuerdo facilitó una reducción de un tercio en el número de ojivas nucleares para cada lado, tras las disminuciones significativas de los tratados Start I (de 1991) y Start II (de 2002). En total, los pactos Start y otros similares bajaron el total de cabezas nucleares a una quinta parte de los niveles máximos durante los momentos más tensos de la Guerra Fría.
Bajo el Start III, Rusia y Estados Unidos acordaron restringir sus arsenales a 1.550 ojivas nucleares y 800 sistemas de lanzamiento, incluyendo misiles intercontinentales basados en tierra, submarinos y bombarderos.
“Por primera vez desde los años setenta, no hay ningún tratado de limitación ni indicios de negociaciones para uno nuevo”, afirmó la semana pasada Emmanuelle Maitre, experta de la Fundación para la Investigación Estratégica en París, en una entrevista con el diario Le Figaro. Ella considera que ni Vladimir Putin ni Donald Trump mostraron interés en el tema. Para Putin, es un asunto menor comparado con los retos estratégicos de la guerra en Ucrania, mientras que Trump se enfoca más en China, que está expandiendo su arsenal nuclear y no formaba parte del Start III.
El analista francés Louis Gautier describió en un artículo de la revista Le Grand Continent a finales de 2025 que los meses antes del fin del tratado incluyeron una serie de sucesos inusuales y alarmantes: los ataques aéreos estadounidenses a instalaciones nucleares iraníes en junio; la exhibición en septiembre del nuevo misil balístico DF-61 durante el desfile de la Victoria en Pekín; el anuncio de Putin en octubre sobre la prueba del misil de crucero Burevestnik 2 con propulsión nuclear; las declaraciones imprudentes de Trump ese mismo mes sobre reanudar pruebas nucleares; y en noviembre, el lanzamiento de demostración de un nuevo misil balístico por Corea del Norte.
Con casi 300 ojivas, Francia es el único miembro de la Unión Europea con armas nucleares. Recientemente, presentó un nuevo misil nuclear para equipar los aviones Rafale de su Fuerza Aérea Estratégica. Desde marzo de 2025, el presidente Emmanuel Macron ha propuesto extender su capacidad de disuasión nuclear a sus aliados europeos, en términos aún por definir.
Macron ha discutido esto con el canciller alemán Friedrich Merz, quien ha expresado interés dado que Alemania no posee armas nucleares. También lo ha abordado con el primer ministro británico Keir Starmer: el Reino Unido, fuera de la UE, cuenta con unas 230 ojivas. En julio, Macron y Starmer firmaron la declaración de Northwood, donde indicaron que, aunque sus fuerzas nucleares son independientes, pueden coordinarse, un esfuerzo en el que París y Londres han colaborado.
Esta atmósfera de tensión nuclear se extiende a naciones que tradicionalmente han apoyado la no proliferación, como Alemania, Corea del Sur y Japón, donde hay debates intensos sobre reconsiderar esa posición. Mientras Alemania conversa con Francia, en Corea del Sur aumentan las demandas por acceso a armamento nuclear.
Como la única nación víctima de bombas nucleares, Japón ha mantenido una postura casi inviolable contra estas armas. Sin embargo, la primera ministra Sanae Takaichi, quien ganó abrumadoramente las elecciones parlamentarias este domingo y obtuvo una mayoría sólida, sugirió en diciembre que Japón podría alterar la ley que prohíbe poseer, fabricar o permitir la entrada de armas nucleares en su territorio.
En 2023, el exsecretario de Estado Henry Kissinger advirtió que Japón se encaminaba a “convertirse en potencia nuclear en menos de cinco años”.
Parece ineludible que el mundo se dirija hacia un rearme nuclear. Incluso antes del vencimiento del Start III, analistas estimaban que tanto Estados Unidos como Rusia habían elevado sus ojivas operativas a alrededor de 1.700 cada uno, casi un 10 por ciento por encima del límite del tratado. En cuanto al total de dispositivos nucleares, incluyendo los almacenados y no operativos, Rusia tiene 4.300 y Estados Unidos 3.700.
La potencia destructiva de estas ojivas va desde unos pocos kilotones hasta cientos, y algunas llegan a 1 megatón. Las bombas lanzadas por Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945 eran de 16 y 21 kilotones, respectivamente, similares a las menos potentes actuales.
Como señaló la semana pasada Óscar Gutiérrez, analista del diario español El País, el fin del Start III elimina protocolos esenciales de comunicación entre Washington y Moscú, que facilitaban la verificación mutua y permitían a cada lado conocer las actividades del otro. “Sin transparencia, cada parte asumirá el peor escenario, lo que no fomentará mayor confianza”, dijo a El País Pavel Podvig, director del Proyecto de Fuerzas Nucleares Rusas en Ginebra.
Según alertó el año pasado el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, citado por El País, “los arsenales nucleares globales se están expandiendo y modernizando”. Las cifras del instituto sueco muestran que el inventario mundial excede las 12.200 ojivas, con más de 9.000 operativas. Estados Unidos y Rusia controlan entre el 80 y el 90 por ciento del arsenal, tanto almacenado como desplegado y operativo, junto con sus plataformas de lanzamiento.
En su análisis para El País, Gutiérrez indica un inminente crecimiento numérico de las armas nucleares, sumado a las mejoras en calidad y efectividad de los últimos años. Como explicó a El País Tytti Erästö, experta del instituto sueco en armas de destrucción masiva, “la carrera armamentista cualitativa lleva tiempo en curso, y sin regulación, también podría haber una carrera numérica”.
Con 600 cabezas nucleares, China es la tercera potencia atómica más grande, aún por detrás de Estados Unidos y Rusia. Pero con su ritmo de expansión, podría igualarlos a mediados de la próxima década.
Informes de inteligencia occidentales estiman que Pekín agrega más de 100 ojivas al año, confirmando la determinación del presidente Xi Jinping de no recortar gastos en este ámbito.
“Xi y sus asesores concluyeron que Putin invadió Ucrania sin una respuesta militar firme de Estados Unidos o sus aliados europeos, gracias a la disuasión nuclear rusa”, explicó a EL TIEMPO este lunes en París un analista diplomático. “Occidente tomó en serio las amenazas de Putin de usar armas nucleares si Ucrania recibía misiles capaces de atacar territorio ruso”, añadió. “Xi cree que necesita esa misma capacidad disuasiva para invadir Taiwán”.
Un documento reciente del Pentágono, citado por la revista Le Grand Continent, proyecta que China podría superar las 1.000 ojivas para finales de esta década y llegar a 1.500 hacia 2035. El informe nota que, a diferencia de muchas ojivas estadounidenses, las de Pekín son de tecnología de vanguardia.
Por ello, parece complicado persuadir a China de unirse a negociaciones con Rusia y Estados Unidos para un nuevo tratado de limitación. “Es claro que Pekín retrasará el tema hasta avanzar en su rápido crecimiento en armas nucleares, tanto en calidad como en cantidad”, señaló el analista diplomático en París. No obstante, el presidente Trump, quien visitará China en abril, parece resuelto a promover diálogos al respecto.
El miércoles 4, justo antes del vencimiento del Start III, el secretario de Estado Marco Rubio declaró que “Trump ha sido claro en que para un control real de armamento en el siglo XXI, es imposible proceder sin incluir a China, dada su expansión masiva de arsenal”. Queda por ver si el presidente Xi avanzará en ello.
Si China se niega a negociar, Estados Unidos no tendrá opción más que acelerar sus propios programas de expansión. Rusia hará lo mismo, pese a las restricciones presupuestarias por la guerra en Ucrania.
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