
El 9 de febrero, México confirmó el envío de más de 800 toneladas de ayuda humanitaria a Cuba en respuesta al bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos. Dos buques de la Armada mexicana, el Papaloapan y el Isla Holbox, ingresaron a la bahía de La Habana durante la mañana, transportando alimentos y artículos de higiene.
La ministra de Comercio Interior de Cuba, Betsy Díaz, expresó su gratitud por la asistencia proporcionada por el gobierno mexicano. “Nos sentimos acompañados por México, por su humanismo, su solidaridad y su hermandad”, manifestó.
El gobierno de México anunció planes para enviar hasta 1.500 toneladas adicionales de frijoles y leche en polvo. Además, continúa realizando esfuerzos diplomáticos con Washington para respaldar a Cuba y se muestra dispuesto a actuar como mediador en posibles negociaciones entre ambos países.
Estados Unidos interrumpió los suministros de petróleo venezolano a Cuba después de una operación militar que resultó en la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero. Tres semanas más tarde, emitió una orden ejecutiva que impone aranceles a cualquier entidad que suministre crudo a la isla.
Rusia, otro aliado importante de Cuba, ha declarado su intención de enviar un cargamento de petróleo y productos relacionados como ayuda humanitaria, a pesar del bloqueo estadounidense. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, indicó que Moscú y La Habana están analizando diversas opciones para materializar este apoyo energético, aunque evitó detalles específicos por motivos comprensibles, aludiendo a posibles represalias de Estados Unidos.
Peskov añadió que el gobierno ruso no busca una escalada con Washington, pero restó importancia a las posibles sanciones arancelarias, ya que los dos países mantienen un intercambio comercial mínimo. Sin embargo, Estados Unidos podría intentar interceptar el buque, similar a lo ocurrido con embarcaciones rusas de la llamada “flota fantasma”, una red que opera de manera opaca para evadir sanciones occidentales.
Por otro lado, Chile planea proporcionar ayuda humanitaria a través de su fondo contra el hambre y la pobreza, canalizada por organismos multilaterales. El canciller chileno, Alberto van Klaveren, describió la situación en la isla como un “drama humanitario”.
En las últimas semanas, varios países han prometido asistencia a Cuba, incluyendo a aliados tradicionales como China, que anunció el envío de hasta 90.000 toneladas de arroz y una línea de asistencia financiera de emergencia por 80 millones de dólares.
Incluso Estados Unidos, junto con su mayor presión sobre la isla, ha reportado el envío de 3 millones de dólares en ayuda para las víctimas del huracán Melissa, y está preparando un paquete adicional valorado en 6 millones de dólares. La entrega inicial se retrasó porque Washington exigió que se distribuyera directamente a la población necesitada, sin la intermediación habitual del gobierno cubano. Finalmente, se gestionó a través de la ONG católica Cáritas.
La presión estadounidense afecta a un país que debe importar dos tercios de sus necesidades energéticas y alrededor del 80% de sus consumos, en un contexto de descapitalización productiva, humana y financiera tras seis años de severa crisis económica. Millones de cubanos enfrentan condiciones extremas.
Los cortes de electricidad duran entre 15 y 20 horas al día en todo el territorio, el transporte y los servicios de salud operan en niveles mínimos, las oficinas estatales y universidades han adoptado horarios reducidos o modalidades a distancia, y la venta de gasolina está estrictamente racionada, mientras que la de diésel ha sido suspendida.
El gobierno cubano mantiene un enfoque de resistencia y aplica un riguroso plan de contingencia para sobrevivir sin importaciones de petróleo, aunque los expertos prevén que la situación se agravará en cuestión de semanas.






