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La complicada realidad de los niños migrantes en Minneapolis, EE.UU., que asisten a clases en línea por temor a las operaciones de agentes de ICE

Noticias3 weeks ago

En un departamento de Minneapolis, las cortinas permanecen cerradas y una mesa equipada con cuatro computadoras actúa como un salón de clases improvisado para tres menores.

Cientos de funcionarios federales de inmigración arribaron a la ciudad en diciembre. Una familia procedente de México describe la situación como “estresante” y llena de temor.

La instrucción remota se ha vuelto esencial para cientos de niños migrantes. Foto: EFE

Un confinamiento impuesto por el miedo

Esmeralda, Kevin y Carlos han dejado de asistir a la escuela de forma presencial desde que los agentes de inmigración aparecieron en esta urbe del estado de Minnesota.

“Si salgo, solo hasta el pasillo exterior”, explica Kevin, de 12 años.

Al igual que numerosos niños y jóvenes migrantes en Minneapolis, Kevin participa en lecciones virtuales, un método que las instituciones educativas pensaban haber superado tras los momentos más críticos de la pandemia de coronavirus.

La educación en línea ha regresado como una obligación, ya que muchos se quedan en sus residencias para evadir la iniciativa de deportaciones a gran escala promovida por el presidente estadounidense, Donald Trump.

Después de una incursión en la secundaria de Esmeralda hace alrededor de un mes, su madre, Abril, determinó que ninguno de sus hijos abandonaría el hogar. Aún no sabe cuándo podrán hacerlo de nuevo.

Como los demás integrantes de la familia, Abril usó un seudónimo para hablar.

Abril y su esposo, Rigoberto, están cada vez más inquietos por el bienestar de sus hijos. Foto: AFP

La familia arribó a Estados Unidos desde México hace un año y medio en busca de asilo. Todavía aguardan una resolución judicial.

Individuos en circunstancias parecidas han sido blanco de las operaciones de agentes de inmigración tras el inicio de una evaluación del estatus legal de unos 5.600 refugiados en Minnesota que no han obtenido la residencia permanente (green card) por parte del gobierno de Trump.

A finales del mes pasado, un juez federal suspendió de manera temporal las detenciones de refugiados que esperan la residencia permanente en el estado.

Una rutina ‘estresante’

En una mañana reciente de febrero, los tres hermanos se levantan para sus sesiones educativas desde el hogar.

“Nos despertamos y entramos a clase. Luego, más clases y más clases. Después almorzamos y continuamos un poco más en la computadora realizando trabajos y tareas (…)”, relata Esmeralda, de 14 años, durante una lección sobre fósiles.

Para la joven, transformar su mesa en un aula y su vivienda en una especie de refugio resulta “raro”, “estresante” y “aburrido”.

Kevin menciona que echa de menos a sus amigos y maestros.

“Podemos vernos, pero no estamos realmente juntos; no es lo mismo una videollamada que estar con ellos”.

Mientras tanto, Carlos, el más pequeño, indica que en las clases presenciales podía “salir al parque”.

Abril y Rigoberto están cada vez más preocupados por cómo sus hijos manejan este encierro voluntario.

“Preguntan por qué ocurre esto (…) por qué si no hacemos nada malo nos estamos ocultando”, comenta Rigoberto, quien trabaja en mecánica y no ha visitado su taller en más de un mes, pese a que se encuentra a solo una cuadra de su casa.

Temor persistente para las familias en Minneapolis

Cientos de agentes federales de inmigración llegaron a Minneapolis en diciembre y, desde entonces, la vista de oficiales armados y con máscaras se ha vuelto común.

Abril afirma que cuando saben que los agentes están cerca, les indican a sus hijos que apaguen el televisor y eviten hacer ruido. “No son libres ni de reírse”, expresa la madre.

Todo esto ha afectado a Abril, quien apenas logra dormir. La última vez que salió fue el 3 de diciembre.

“Ni siquiera salgo a tirar la basura”, dice la mujer, que echa de menos asistir a la iglesia o llevar a sus hijos a comer un helado.

Con Abril, empleada en labores domésticas, y su esposo sin trabajo, una vecina les asiste con las compras.

“Como cabeza de familia, para mí es algo muy, muy difícil no poder hacer nada por ellos”, detalla Rigoberto.

Algún día podrán salir a la calle, “pero ya no va a ser lo mismo” y siempre “vamos a tener el temor”.

Marcha contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos en Minneapolis. Foto: EFE

Agentes federales de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI) en Minneapolis, Minnesota. Foto: AFP

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