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¿Podrá Marco Rubio impedir la separación entre Estados Unidos y Europa impulsada por Donald Trump? / Análisis de Mauricio Vargas

Noticias2 weeks ago

Después de un año con el dirigente republicano al mando, el secretario de Estado extiende una oferta de reconciliación para preservar la alianza, aunque sin evitar señalar los problemas existentes.

Centenares de participantes en la 62.ª Conferencia de Seguridad de Múnich, en Alemania, se levantaron para ofrecer un aplauso prolongado y entusiasta al secretario de Estado, Marco Rubio, al finalizar su intervención en el hotel Bayerischer Hof de la capital bávara, el sábado por la mañana. Esta reacción del público, formado por líderes políticos, académicos y empresarios europeos, reflejaba el giro en el tono que Rubio introdujo para diferenciarse del desprecio hacia el Viejo Continente expresado por su superior, Donald Trump, quien ha afirmado en múltiples ocasiones que “Europa está acabada”.

El secretario de Estado buscó distanciarse del mensaje entregado en el mismo lugar un año antes, durante la 61.ª Conferencia, por el vicepresidente J. D. Vance, quien intentó impartir lecciones a los europeos sobre el manejo de su democracia y sostuvo que el principal peligro para el Viejo Continente no proviene de la invasión rusa a Ucrania, sino de la “inmigración masiva”. Con un enfoque arrogante, Vance exhortó a los líderes europeos a dar cabida a los movimientos de extrema derecha y insinuó su desdén por las instituciones de la Unión Europea.

A diferencia del escaso reconocimiento de Trump y Vance hacia las contribuciones europeas en la alianza transatlántica, Rubio resaltó los avances de la colaboración entre Washington y las democracias europeas, desde la Segunda Guerra Mundial hasta el cierre de la Guerra Fría. Mostrando un mayor dominio histórico que Trump y Vance, el secretario de Estado retrocedió 250 años hasta la independencia de Estados Unidos —que recibió apoyo de fuerzas francesas comandadas por Gilbert du Motier, el recordado marqués de La Fayette— y a las conceptos de la Ilustración del siglo XVIII que influyeron en las instituciones republicanas de América del Norte.

El público lo interrumpió con aplausos cuando recordó: “Las dos grandes guerras del siglo pasado son un recordatorio constante de cómo, en última instancia, nuestro destino está y siempre estará entrelazado con el suyo, porque sabemos que el destino de Europa nunca será irrelevante para nosotros”. Otro momento de ovación surgió cuando Rubio declaró: “Para nosotros, los estadounidenses, nuestro hogar puede estar en el hemisferio occidental, pero siempre seremos hijos de Europa”, frases que difícilmente pronunciarían Trump o Vance.

Empleando un lenguaje más similar al del expresidente Ronald Reagan que al del actual ocupante de la Casa Blanca, con alusiones al “imperio del mal” que dirigía “el comunismo soviético”, el secretario de Estado evocó cómo, en la primera Conferencia de Múnich en 1963, Occidente apenas se recuperaba de la crisis de los misiles rusos en Cuba, que llevó “al mundo al borde de la destrucción nuclear”. Estas referencias probablemente no agradaron al presidente ruso, Vladimir Putin, siempre evocador de la era soviética, y que nunca las ha oído de Trump.

Rubio captó que el enfoque de la administración Trump se transmitiría mejor si se presentaba con cortesía y sin indicios de intromisión.

Las menciones de Rubio al pensamiento y la cultura europeos resultaron aún menos alineadas con Trump o Vance: “Fue aquí, en Europa, donde nacieron las ideas que sembraron las semillas de la libertad que cambiaron el mundo (…). Fue aquí, en Europa, donde aparecieron el Estado de derecho, las universidades y la revolución científica (…). Fue este continente el que produjo el genio de Mozart y Beethoven, de Dante y Shakespeare, de Miguel Ángel y Da Vinci, de los Beatles y los Rolling Stones”.

Algunas verdades clave

“Como líder de la diplomacia estadounidense, el secretario de Estado entiende que el tono desdeñoso de Trump y Vance hacia Europa está generando un daño significativo a la imagen de Estados Unidos en esta región, y que es esencial corregir el rumbo”, indicó el lunes a EL TIEMPO un diplomático francés en París. Una encuesta de Cluster 17, realizada hace un par de semanas en nueve países europeos, mostró que un 59 por ciento considera que Trump está debilitando a Occidente, en contraste con solo un 14 por ciento que cree que lo fortalece. Por ello, las declaraciones de Rubio se convirtieron en una necesidad más que en un gesto.

Los elogios del secretario de Estado al rol de Europa en la formación de Occidente no implicaron ignorar los asuntos que preocupan a Washington sobre el futuro de su asociación con el Viejo Mundo. Sin embargo, Rubio comprendió que el mensaje de la administración Trump se recibiría mejor si se entregaba con amabilidad y sin sugerencias de interferencia en los asuntos internos de las naciones de la UE, a diferencia de lo ocurrido con Vance un año antes.

Hace un mes, la persistencia de Trump en que su país tomara control de Groenlandia, la isla más grande del planeta y parte autónoma del Reino de Dinamarca, junto con la amenaza de aumentar aranceles a los países europeos que se opusieran, generó una crisis diplomática que se resolvió cuando Trump dio marcha atrás. Consciente del impacto negativo, Rubio evitó mencionar el tema.

“Pero no hay que engañarse, ya que aunque el secretario de Estado envolvió sus palabras en buena diplomacia, no omitió expresar lo que la administración Trump ve como verdades sobre la situación en Europa”, añadió la fuente diplomática. Y es correcto: Rubio tocó el tema de la desindustrialización y la inmigración masiva, pero en ambos casos señaló que afectan tanto a Estados Unidos como al Viejo Continente, y que son fruto de políticas erróneas mantenidas durante décadas.

“La desindustrialización no era inevitable”, afirmó. “Fue una elección política consciente, una iniciativa económica que duró décadas y que despojó a nuestras naciones de su riqueza, su capacidad productiva y su independencia”, añadió. “Y la pérdida de la soberanía de nuestra cadena de suministro no fue consecuencia de un sistema de comercio mundial próspero y saludable —concluyó—: fue una tontería”.

Respecto a la “inmigración masiva”, indicó que “fue y sigue siendo una crisis que está transformando y desestabilizando las sociedades de todo Occidente”. Sostuvo: “Controlar quiénes y cuántas personas entran en nuestros países no es una expresión de xenofobia, no es odio, es un acto fundamental de soberanía nacional”. No hacerlo, agregó, “no es solo una renuncia a uno de nuestros deberes más básicos para con nuestro pueblo, es una amenaza urgente para el tejido de nuestras sociedades y la supervivencia de nuestra civilización”.

No menos relevantes fueron sus comentarios sobre la ONU y el sistema de cooperación internacional surgido al final de la Segunda Guerra Mundial. Una vez más, Rubio se apartó de la indiferencia de Trump y Vance hacia esa entidad. Aun así, criticó a las Naciones Unidas al afirmar que “hoy en día, en los asuntos más urgentes, no tienen respuestas y prácticamente no han desempeñado ningún papel”. En un tono positivo, apuntó: “No necesitamos abandonar el sistema de cooperación internacional que creamos, ni desmantelar las instituciones mundiales del antiguo orden que construimos juntos, pero hay que reformarlas, hay que reconstruirlas”.

La réplica europea

En el intercambio entre la administración Trump y los gobiernos europeos aliados de Washington en la Alianza Atlántica (Otán), hay puntos válidos del lado estadounidense, como las fuertes críticas de la potencia norteamericana al bajo compromiso presupuestario de la mayoría de los socios europeos en la Alianza. Desde la era de Barack Obama, la Casa Blanca ha protestado por esto, aunque solo ahora Trump estableció metas estrictas: que el gasto militar llegue al 5 por ciento del PIB respectivo. La guerra en Ucrania ya impulsó a Alemania, Polonia, Francia y el Reino Unido, entre otros, a incrementar sus inversiones en defensa, aunque naciones como España aún van rezagadas.

Los líderes europeos cuentan con argumentos para responder a este planteamiento. El principal se basa en las cifras de ayuda a Ucrania el año pasado para frenar la invasión de las fuerzas rusas. Mientras la contribución de Washington bajó de promedios de US$ 50.000 millones anuales desde el inicio del conflicto en 2022 a solo US$ 400 millones en 2025, la de la Unión Europea y el Reino Unido aumentó un 59 por ciento en ayuda financiera y humanitaria, y un 67 por ciento en el ámbito militar puro, según datos del Instituto Kiel para la Economía Mundial, con sede en Alemania.

No cabe duda de que Europa ha reaccionado. Y no solo respecto a Ucrania: el presidente francés, Emmanuel Macron, ha ofrecido la capacidad de disuasión nuclear de su país (más de 300 ojivas nucleares operativas) para Europa y progresa en diálogos con el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer (cuyo país tiene 230 ojivas), para coordinar un sistema de defensa europea que disuada a los rusos.

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